Enfermedades como la insuficiencia cardiaca, la insuficiencia renal crónica, el hígado graso o el alzhéimer podrían beneficiarse de la acción de los estos medicamentos dirigidos a la hormona GLP-1
Son los fármacos de los que todo el mundo habla. Y que cada vez más gente utiliza: se calcula que unos 45 millones de personas en todo el mundo, 15 de ellos en Estados Unidos. En España, diferentes estudios señalan que el 12% de la población los ha tomado. Es decir, casi seis millones de españoles. Tras consolidarse como piedra angular en el tratamiento de la obesidad, comienzan a mostrar gran eficacia en numerosas enfermedades.
Pero ¿cómo funcionan? El GLP-1 es una hormona que se produce de manera natural en nuestro intestino después de cada comida y que tiene diferentes funciones como la regulación de los niveles de azúcar en sangre, la estimulación de la generación de la insulina, la reducción del apetito y la ralentización del vaciado gástrico, por lo que se prolonga la sensación de sentirse lleno.
Los investigadores franceses Jean Pierre Raufman y John Pisano describieron, en la década de los 80, que la saliva venenosa del monstruo de Gila –un reptil del desierto del sur de Estados Unidos y del norte de México– tenía una proteína parecida al GLP-1 humano. Años después se incorporó a las investigaciones el endocrinólogo John Eng, que apuntó que en el veneno había moléculas que eran un potencial tratamiento de la diabetes.
Su hallazgo se confirmó y el fármaco, desarrollado a partir de la saliva del reptil, fue comercializado en 2005, con un efecto secundario muy beneficioso: además de controlar la diabetes, los pacientes perdían peso. El motivo era porque la acción de los receptores de GLP-1 en el cerebro hacían que se perdieran las ganas de comer.
La obesidad es una enfermedad caracterizada por una inflamación crónica de bajo grado, que causa resistencia a la insulina, enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2 y deterioro cognitivo. Por este motivo, existen numerosas líneas de investigación centradas en observar el efecto de estos nuevos fármacos en diferentes tipos de patologías.
En Cardiología
La insuficiencia cardiaca es una de ellas: afecta a dos de cada cien españoles (y a nueve de cada cien a partir de 80 años) y causó en 2023 casi 19.000 muertes en nuestro país. Es una enfermedad crónica y progresiva que impide que el corazón bombee sangre de manera eficiente, de manera que no llega oxígeno al cuerpo de manera adecuada.
El doctor Zorba Blázquez es vocal de la Asociación de Insuficiencia Cardiaca de la Sociedad Española de Cardiología (SEC) y explica que estos fármacos han mostrado en los estudios mejoría de los síntomas, de la capacidad de ejercicio y de la calidad de vida, así como una reducción importante del peso y de los marcadores de inflamación.
«Estos dos últimos resultados son particularmente importantes, ya que la adiposidad y la inflamación son dos de los principales mecanismos asociados con el desarrollo de la insuficiencia cardiaca con función sistólica preservada, por lo que su impacto en el pronóstico a largo plazo puede ser muy importante», destaca.
Uno de los estudios, además, redujo a casi la mitad los episodios de empeoramiento de insuficiencia cardiaca o descompensaciones, «lo que puede tener un impacto muy alto en la calidad de vida y en el pronóstico a largo plazo»., continúa

