Especialistas de Son Espases y Son Llàtzer coordinan un plan para que el tratamiento sea continuo y personalizado al cumplir los 18 años
El sistema sanitario de Baleares cuenta con una nueva hoja de ruta para uno de los momentos más delicados en la vida de un paciente crónico: el paso de la atención infantil a la de adultos. Un grupo de trabajo, coordinado por especialistas de Son Espases, Son Llàtzer y Atención Primaria, acaba de publicar un protocolo oficial para regular la transición asistencial en el ámbito de la nefrología.
Este documento nace dentro de la Estrategia de Enfermedad Renal Crónica de las Islas Baleares. Su objetivo principal es garantizar que el proceso sea progresivo y que el paciente joven adquiera la autonomía necesaria para gestionar su propia enfermedad antes de abandonar el entorno pediátrico.
PROCESO PROGRESIVO Y SIN EDAD ESTRICTA
Una de las recomendaciones más destacadas del protocolo, consensuado por los jefes de Nefrología de los seis hospitales públicos de Baleares y revisado por la asociación de pacientes ALCER y publicado a finales de marzo, es que no se debe establecer una edad estricta para realizar el cambio. Aunque habitualmente el trasvase a los especialistas de adultos se produce a los 18 años, los autores advierten que hacerlo de forma precoz o rígida puede tener consecuencias negativas para la salud del paciente. Para que el proceso tenga éxito, insisten en que es fundamental que exista una transmisión de información estructurada entre los pediatras y los médicos de adultos, tanto en los centros de salud como en los hospitales
LA SITUACIÓN EN BALEARES
Actualmente, en el archipiélago hay activos entre 30 y 40 pacientes pediátricos con afecciones renales crónicas, provocadas en su mayoría por malformaciones congénitas. La mayor parte de estos menores se encuentra en situación de prediálisis, aunque siete de ellos ya han recibido un trasplante renal y uno se encuentra en tratamiento de diálisis.
Debido a la complejidad de estos casos, el protocolo subraya la necesidad de personalizar cada transición según las necesidades del joven. Una gestión adecuada de este cambio no solo mejora la calidad de vida, sino que ayuda a retrasar la progresión de la enfermedad y la necesidad de recurrir a tratamientos más invasivos como la hemodiálisis.

