Muchas veces, cuando tenemos una enfermedad crónica, debemos cambiar algunos aspectos de nuestra alimentación, entre otras cosas.
Cuando ocurre esto, lo que suele pasar es que nos centramos demasiado en este «problema» y esto puede generarnos una mala relación con la comida.
Es importante recordar que cuanto más pensemos en «alimentos prohibidos» más deseo tendremos de consumirlos y más nos frustraremos por no hacerlo. Así que, en lugar de esto, ¿por qué no pensamos en el abanico de opciones que tenemos?
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