Las nuevas guías ESC recomiendan cribar la enfermedad renal crónica en todos los pacientes con enfermedad cardiovascular

Las primeras recomendaciones específicas de la Sociedad Europea de Cardiología sobre enfermedad cardiovascular y renal apuestan por ampliar las pruebas de función renal y albuminuria e iniciar precozmente tratamientos eficaces

La Sociedad Europea de Cardiología (ESC) recomienda realizar un cribado de enfermedad renal crónica (ERC) a todos los pacientes con enfermedad cardiovascular (ECV) en el momento del diagnóstico. Para ello, propone utilizar pruebas de sangre y orina que permitan valorar la función renal y la presencia de albuminuria.

La recomendación forma parte de las primeras guías de la ESC dedicadas específicamente al manejo conjunto de la enfermedad cardiovascular y la enfermedad renal crónica. El documento se ha elaborado en colaboración con la Asociación Renal Europea (ERA) y se ha publicado en European Heart Journal. Las guías se presentarán el 29 de agosto en el ESC Congress 2026, en Múnich.

La ERC se define por la presencia durante al menos tres meses de alteraciones en la estructura o la función renal con consecuencias para la salud. Se estima que alrededor de 100 millones de personas en Europa presentan enfermedad renal crónica y tienen un mayor riesgo de desarrollar diferentes enfermedades cardiovasculares.

«La discapacidad y los años de vida perdidos asociados a cada enfermedad son enormes, pero la ERC puede acelerar la ECV y viceversa, lo que provoca eventos cardiovasculares y la necesidad de diálisis mucho antes en la vida», explica el Dr. Kevin Damman, copresidente del grupo de trabajo y profesor asociado del University Medical Centre Groningen, en Países Bajos.

El especialista destaca los avances registrados durante los últimos años. «La buena noticia es que en los últimos años se han producido importantes avances, lo que significa que ahora existen varios tratamientos sencillos que pueden reducir sustancialmente el riesgo tanto de complicaciones cardiovasculares como renales», añade.

Las guías de enfermedad renal crónica proponen analizar la función renal y la albuminuria en todos los pacientes con ECV desde el diagnóstico

Más cribado para identificar precozmente a los pacientes de riesgo

El Dr. William Herrington, copresidente del grupo de trabajo y profesor de la University of Oxford, recuerda que muchos pacientes con ERC son atendidos habitualmente por especialistas en cardiología. «Muchos pacientes con ERC son tratados por profesionales de cardiología y las nuevas guías de la ESC pretenden aumentar el uso de las pruebas de función renal y albúmina en orina en pacientes con ECV», señala.

Según Herrington, un cribado más amplio permitiría identificar a un mayor número de pacientes en riesgo y facilitaría la prescripción de los tratamientos más adecuados tanto para la enfermedad renal como para la cardiovascular.

Para organizar estas recomendaciones, el grupo de trabajo ha desarrollado el concepto STAMP on CKD. El acrónimo resume cinco actuaciones: cribado, triaje, abordaje del riesgo de ERC, modificación del manejo cardiovascular y planificación de los servicios sanitarios.

El primer paso es realizar el cribado de ERC en todos los pacientes con ECV en el momento de su diagnóstico. Las guías plantean utilizar para ello el filtrado glomerular estimado a partir de la creatinina sanguínea y el cociente albúmina/creatinina en orina.

También recomiendan realizar una evaluación precisa del riesgo de insuficiencia renal y del riesgo cardiovascular mediante sistemas de puntuación validados que incorporen la función renal.

El documento destaca el inicio precoz de tratamientos capaces de ralentizar la progresión renal y reducir los eventos cardiovasculares

Inhibidores del sistema renina-angiotensina, SGLT2 y estatinas

Otro de los principales objetivos de las guías consiste en garantizar el uso precoz de tratamientos de eficacia demostrada que permitan ralentizar la progresión de la ERC y reducir el riesgo de eventos cardiovasculares.

«El uso precoz de fármacos denominados inhibidores del sistema renina-angiotensina e inhibidores de SGLT2, junto con un tratamiento basado en estatinas, es especialmente importante y eficaz», afirma Damman.

Las recomendaciones también analizan cómo debe modificarse el manejo de las diferentes enfermedades cardiovasculares cuando el paciente presenta enfermedad renal crónica. Entre otros aspectos, incluyen orientaciones sobre el uso de medicamentos en pacientes cuya reducción de la función renal puede dificultar la eliminación de determinados tratamientos.

Alrededor de 100 millones de personas en Europa tienen enfermedad renal crónica y presentan un mayor riesgo cardiovascular

Esta interacción entre ambas patologías constituye uno de los ejes de las nuevas guías. La ERC puede favorecer la progresión de la ECV y, a su vez, la enfermedad cardiovascular puede empeorar el deterioro renal. El resultado puede ser una aparición más precoz de eventos cardiovasculares o de la necesidad de diálisis.

Coordinación entre cardiología y nefrología

Las guías también reclaman una adecuada planificación de los servicios sanitarios para identificar a los pacientes de alto riesgo y garantizar un acceso a tiempo a cardiólogos y nefrólogos. «La comunicación activa y eficiente entre especialidades suele ser necesaria debido a las complejidades asociadas a la ERC», sostiene Herrington.

El documento destaca asimismo la necesidad de integrar al paciente y a sus familiares o cuidadores en la atención multidisciplinar. «La participación de los pacientes y de sus familiares o cuidadores en el proceso de atención multidisciplinar también ayuda a garantizar que se tengan en cuenta las prioridades de los pacientes, mejorar su experiencia y promover una atención centrada en el paciente», explica el especialista.

La ESC reclama una coordinación activa entre cardiología y nefrología para garantizar una atención precoz a los pacientes de mayor riesgo

La ESC ha elaborado además una versión específica de las guías dirigida a pacientes. Su objetivo es proporcionarles los conocimientos necesarios para participar con mayor confianza en la toma de decisiones compartida con los profesionales sanitarios.

Los copresidentes del grupo de trabajo recuerdan que la enfermedad cardiovascular y la enfermedad renal crónica representan una elevada carga para los pacientes, los sistemas sanitarios y la sociedad.

«La ECV y la ERC representan importantes cargas para los pacientes, los sistemas sanitarios y la sociedad. Los mensajes clave de estas guías deberían ser tenidos en cuenta por todos los agentes sanitarios y responsables políticos relevantes, y debería planificarse investigación para cubrir varias lagunas en la evidencia», concluyen.

«Aumentar la concienciación ayudará a hacer realidad la esperanza de que las guías conduzcan a mejoras importantes, tanto individuales como sociales, para las personas con ECV y ERC o con riesgo de desarrollarlas».

Fuente: Isanidad

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