La glomeruloesclerosis segmentaria y focal cuenta con factores de riesgo como la diabetes, la hipertensión o la obesidad, y se trata con medicamentos dirigidos a controlar los síntomas

La glomeruloesclerosis segmentaria y focal (GSF) es una enfermedad que se caracteriza por el desarrollo de tejido cicatricial en los glomérulos, que son las partes pequeñas de los riñones encargadas de filtrar los desechos de la sangre. Cada riñón tiene miles de glomérulos, esenciales para la función renal saludable.

Cuando se produce glomeruloesclerosis, estos glomérulos se cicatrizan y dejan de funcionar correctamente, lo que puede llevar a la insuficiencia renal. Así, las enfermedades glomerulares representan más del 12% de los nuevos casos de pacientes que cada año tienen una enfermedad renal primaria en España. Esta cifra se incrementa en el caso de los grupos de pacientes adultos mayores de 45 años.

Las enfermedades glomerulares representan más del 12% de los nuevos casos de pacientes que cada año tienen una enfermedad renal primaria en España

Aún así, se trata de una patología poco frecuente, pues constituye tan solo el 9% de todas las biopsias renales en España. Además, permanece estable en los últimos años. La enfermedad puede ser primaria, si se desarrolla por sí sola, o secundaria, si resulta de otra enfermedad. Los factores de riesgo para la glomeruloesclerosis secundaria incluyen enfermedades como la diabetes y la hipertensión, que pueden dañar los vasos sanguíneos de los riñones.

Generalmente, la causa de esta enfermedad, que afecta tanto a niños como a adultos y ocurre más a menudo en pacientes masculinos, se desconoce. Sin embargo, hay determinados factores que se han descubierto, que pueden originar esta patología. Entre ellos destacan algunas drogas como la heroína o los esteroides anabólicos, la obesidad o problemas genéticos hereditarios.

Por otro lado, mientras que muchos de estos glomérulos se mantienen normales, algunos resultan cicatrizados, lo que da lugar al término “focal”. Por su parte, debido a que solo parte de un glomérulo individual resulta dañado, se emplea el término “segmentaria”.

La GSF ocasiona hasta una cuarta parte de todos los casos de síndrome nefrótico, y suele presentar síntomas como orina espumosapoco apetitohinchazón edema generalizado y aumento de peso. Cuando una persona sospecha que puede padecer esta patología, debe acudir a un especialista para que le realice un examen físico, que puede mostrar edema presión arterial alta.

Los signos de insuficiencia renal y el exceso de líquido se pueden manifestar a medida que la enfermedad empeora. Además, entre otros análisis, el médico puede realizar una biopsia del riñón, pruebas de función renalanálisis de orinamicroscopia urinaria o proteína en orina.

Del total de pruebas disponibles, la más empleada es la biopsia renal, un procedimiento que implica la extracción de una pequeña muestra de tejido renal para su examen bajo un microscopio

Del total de pruebas disponibles, la más empleada es la biopsia renal, un procedimiento que implica la extracción de una pequeña muestra de tejido renal para su examen bajo un microscopio. Los resultados de la biopsia pueden ayudar a los médicos a determinar la causa de los síntomas del paciente y a planificar el tratamiento adecuado.

En caso de que los resultados de las pruebas sean positivos, el especialista pondrá un tratamiento al paciente, con el objetivo de reducir la respuesta inflamatoria del cuerpo, bajar la presión arterial o eliminar el exceso de líquido. Además, recomendará seguir una dieta baja en sodio para reducir la hinchazón. El objetivo del tratamiento es controlar los síntomas del síndrome nefrótico y prevenir la enfermedad o insuficiencia renal crónica.

Los pacientes con GSF idiopática que no desarrollan un síndrome nefrótico o los casos de GSF secundaria, no deben recibir tratamiento con inmunosupresores. En estos casos concretos, la base del tratamiento consiste en el control de la tensión arterial por debajo de 130/80 mmHg, la administración de inhibidores de la enzima conversiva de la angiotensina, la administración de estatinas o la antiagregación anticoagulación. Principalmente, el tratamiento se centra en controlar los síntomas, retardar la progresión de la enfermedad y manejar cualquier condición subyacente que pueda estar causando la enfermedad renal.

Fuente: ConSalud