En una nueva investigación se ha examinado si hay alguna relación entre el nivel de actividad física que una persona mantiene en la mediana edad y su grado de riesgo de padecer enfermedad renal crónica. La orientación del estudio se enmarca dentro de la búsqueda general de conexiones entre un estilo de vida excesivamente sedentario y el riesgo de aparición de trastornos metabólicos que pueden desembocar en enfermedades crónicas más severas.

Un buen nivel de actividad física se asocia con un menor riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes e hipertensión, que tienen perfiles de factores de riesgo compartidos con la enfermedad renal crónica.

El objetivo del nuevo estudio ha sido evaluar la asociación entre la actividad física y el desarrollo de la enfermedad renal crónica en un seguimiento a largo plazo.

Para ello, los autores se han valido de datos reunidos en un estudio más amplio, sobre el riesgo de ateroesclerosis, y para el que se hizo un seguimiento de salud a unas 15.000 personas de ambos sexos y de mediana edad residentes en Estados Unidos.

La nueva investigación la ha llevado a cabo el equipo de Kaushik Parvathaneni, de la Escuela Bloomberg de Salud Pública dependiente de la Universidad Johns Hopkins en Baltimore, Maryland, Estados Unidos.

Durante un seguimiento medio de 24 años, el 33,2 por ciento de los participantes desarrollaron enfermedad renal crónica.

Después de ajustar las variables capaces de dar pie a interpretaciones engañosas, el grupo más activo físicamente resultó tener una reducción del 11 por ciento en el riesgo de enfermedad renal crónica, en comparación con el grupo inactivo.


Los autores del estudio advierten que se necesitará investigar más para determinar si el aumento de la actividad física puede prevenir el inicio o la progresión de la enfermedad renal crónica. (Fuente: NCYT de Amazings)


 

Fuente: noticiasdelaciencia.com