Cuando llevaba dos días ingresado en la UCI de un hospital de San José (California, EE.UU.), los médicos llamaron por teléfono a sus familiares para comunicarles que no pasaría de esa noche. Necesitaba diálisis y su corazón no aguantaría el tratamiento. Permitieron que su esposa entrara en el centro para despedirse…

Pero Tom Butts, de 64 años, finisher de IRONMAN, tampoco se rindió en la carrera más dura a la que se había enfrentado hasta ahora. El pasado viernes, después de estar 110 días ingresado, la mayor parte de este tiempo en la UCI, luchando contra un caso muy grave de COVID-19, pudo regresar a casa, ya curado, para continuar con su recuperación.

«¿Cómo podía ser que alguien tan fuerte como él, sin ningún problema de salud, estuviera tan enfermo? Pero él nunca se rinde. Siempre lucha y lucha. Y por eso creo que está hoy aquí», comentaba emocionada su hermana a las puertas del hospital.

Tom se encontraba en un gran estado de forma. A sus 64 años seguía entrenando todos los días y compitiendo en IRONMAN. Pero cuando el coronavirus golpea, golpea muy duro.

«Ha superado todos y cada uno de los momentos críticos por los que ha pasado. Es un testimonio de la fortaleza del ser humano, de lo que somos capaces de hacer cuando no nos rendimos, del poder de la voluntad de una persona», asegura Sukhvinder Nagi, uno de los médicos que le ha tratado.

Aunque abandonó el hospital en camilla y fue trasladado a su domicilio en ambulancia, Tom confesó a los periodistas que se sentía «genial», sobre todo después de ver a familiares, amigos y personal sanitario despedirle con pancartas y al grito de «eres un milagro» y «eres un IRONMAN».


«Ha superado todos y cada uno de los momentos críticos por los que ha pasado. Es un testimonio de la fortaleza del ser humano, de lo que somos capaces de hacer cuando no nos rendimos, del poder de la voluntad de una persona»


 

Fuente: triatlonweb.es