En España hay 61.760 personas con enfermedad renal crónica. La mejor opción es el trasplante, dicen los pacientes, pero menos del 20% de las personas en diálisis son candidatos para recibir un riñón. Para el 80% restante, existen dos opciones: la hemodiálisis, que se administra en hospitales y la diálisis peritoneal, que se puede administrar a domicilio. Los enfermos denuncian que esta modalidad está infrautilizada: solo un 11% utiliza esta opción. Pese a ser más barata y facilitarles la vida.

Sobre la mesa la Federación Nacional de Asociaciones para la Lucha Contra las Enfermedades del Riñón (ALCERpone los últimos datos del Registro Español de Enfermos Renales (2018). Tan solo un 11,1% de los pacientes en diálisis utiliza la modalidad peritoneal, mientras que un 88,9% utiliza la hemodiálisis como tratamiento sustitutivo renal.

El número de pacientes que comienzan su tratamiento en diálisis peritoneal también ha bajado hasta situarse en un 17,2% respecto a los datos del año anterior (2017), remarcan desde la Federación.

Un cambio de vida

Con el horizonte del Día Mundial del Riñón, que se celebra el 12 de marzo, Los pacientes reclaman más opciones para que se les administre un tratamiento que, aseguran, puede cambiarles la vida. Tener que acudir tres veces por semana a un hospital o a un centro especializado y estar conectados a una máquina durante cuatro o cinco horas, denuncian, les deja fuera del mercado laboral y crea situaciones de exclusión social.

“No tener riñones es incompatible con la vida, por lo que para eliminar las toxinas y limpiar la sangre es muy importante aceptar el diagnóstico de la enfermedad renal crónica, que actualmente no tiene cura, y que muchas veces no tiene opción de trasplante renal”, recuerda Daniel Gallego, presidente de ALCER.

Porque, señalan desde ALCER, someterse a un tratamiento de diálisis “supone un shock emocional equivalente a un duelo. Debes aceptar que dependes de una máquina para vivir, lo cual no es nada fácil porque además debe cambiar su estilo de vida y realizar grandes cambios y restricciones dietéticas y de líquidos».


Aseguran que es más barato: 32.400 euros anuales frente a los 46.600 euros que cuesta el tratamiento en el hospital o un centro especializado y, sobre todo, que facilita la vida de los enfermos


 

Fuente: www.vozpopuli.com