Ana Jiménez, con noventa y cuatro, se ha convertido en la donante más longeva de España. Nunca habló del tema con su familia. “Ya era tan mayor que no pensamos que fuera posible la donación”, reconoce su hija, Ana Palomina. Pero lo fue. Tras sufrir un infarto cerebral y pasar varios días ingresada en la unidad de ictus del Hospital San Pedro de Alcántara (Cáceres), entró en muerte cerebral. Fue entonces cuando, todavía conectada a las máquinas que la mantenían con vida, los médicos propusieron a su familia la posibilidad de donar. “Al parecer su hígado funcionaban bien, a pesar de los años”. Tanto que, meses después, este órgano salvó la vida de otra mujer.

“Es una situación muy complicada. Estas velando a tu ser querido y al mismo tiempo, oyes el helicóptero que se lleva esa parte de ella que, a partir de ahora, seguirá viviendo en otra persona”, reconoce su hija, que nunca imaginó que su madre pudiera salvar una vida, en los últimos minutos de la suya. Aún se emociona al recordar ese momento. “Su muerte fue dolorosa pero también es bonito pensar que otra familia estaría feliz de recibir su hígado”, reflexiona esta hija. Es la grandeza de la donación: dos familias, que no se conocen, unidas por un órgano que sigue ‘latiendo’ vida.

Han pasado ya tres años de esta donación, que bate récord de longevidad en España, pero es ahora cuando Ana, en nombre de su madre, ha contado su testimonio en unas jornadas sobre donación de órganos. María Ángeles Márquez, coordinadora de trasplantes del complejo hospitalario de Cáceres lleva más de quince años al frente de esta unidad. Ha visto donantes muy mayores. Cada año, de más edad. Pero reconoce que nunca tanto. “Evidentemente, no todos los órganos de una persona tan mayor se pueden reutilizar, pero es cierto que el hígado y los riñones, si tienen una buena función hepática y renal y están en buenas condiciones, pueden ser trasplantados sin problemas”, defiende.

Fue ella la que ese día convenció a los familiares de Ana de la donación. “Su hígado no se podía implantar a un joven de veinte años porque, por cronicidad no le iba a durar el tiempo suficiente, pero sí podía salvar la vida de una persona de mediana edad”, nos explica. Una oferta, al final del camino, que reconforta a los familiares. “Es un honor saber que tu madre ha tenido una buena vida, una buena muerte y se va por la puerta grande, salvando vidas”, reconoce su hija.

Qué hacer para ser donante de órganos

Según informa la Organización Nacional de Trasplantes, se puede solicitar la tarjeta de donante. No tiene valor legal, únicamente testimonial. De forma que, en el momento de fallecer, si pudiera ser donante de órganos, la familia tendría que firmar el consentimiento para proceder a la extracción. Por eso, aconsejan manifestar, en vida, nuestro deseo respecto a la donación de órganos. La familia, si es conocedora de la decisión del fallecido, tiende a respetar la voluntad del mismo.

Legalmente, existe el Registro de voluntades anticipadas, Instrucciones previas o Testamento vital. Documentos en los que la persona puede manifestar anticipadamente su voluntad, con objeto de que ésta se cumpla en el momento en que llegue a situaciones, en cuyas circunstancias no sea capaz de expresarlos personalmente, sobre los cuidados y el tratamiento de su salud o, una vez llegado el fallecimiento, sobre el destino de su cuerpo o de los órganos del mismo.


Han pasado ya tres años de esta donación, que bate récord de longevidad en España, pero es ahora cuando Ana, en nombre de su madre, ha contado su testimonio en unas jornadas sobre donación de órganos. María Ángeles Márquez, coordinadora de trasplantes del complejo hospitalario de Cáceres lleva más de quince años al frente de esta unidad. Ha visto donantes muy mayores. Cada año, de más edad.


 

Fuente: niusdiario.es